domingo, 12 de noviembre de 2017

La mujer norestense y su participación en la lucha armada

Antonio Guerrero Aguilar/

Los tribunos y poetas del siglo XIX vieron a la mujer como la madre de la patria, la consideraban los labios y el corazón de la nación. A decir verdad representan más que eso en un país como México, en donde tratan a la mujer como pasión, muerte y destino a decir de Octavio Paz. Contrario a lo que se cree, hubo no pocas mujeres que participaron en los cuatro movimientos militares más importantes de nuestra historia como lo son la lucha por la insurgencia, la invasión norteamericana, la guerra de la Reforma que también abarca hasta la invasión francesa y el imperio fallido de Maximiliano y la revolución. De acuerdo a las cifras oficiales, existen registradas poco más de mil 500 mujeres que le entraron a la lucha armada en estos 200 años.


Regularmente se piensa que a la guerra van los hombres más bragados y valientes. Se nos olvida que también hubo mujeres de armas tomar. Tal vez esto se deba a la negación de la mujer como sujeto de acción militar, pues tradicionalmente hacemos a la mujer en el hogar, la familia y el cuidado de los hijos y la cocina. Hay muchas sentencias populares al respecto, “mujer que no sabe hacer tortillas de harina, ni chiles rellenos no está apta para el matrimonio”,buena pa´l petate pero mala pa´l metate”, “la mujer como la carabina, siempre cargada y arrinconada”. Si además le agregamos la postura de la historia oficial que se empeña en censurar y a desaparecer los testimonios populares, que hablan mal de la mujer para privilegiar al hombre. Por ello, aquí van algunos esbozos de mujeres del noreste que se distinguieron por ser de armas tomar.

Allá en el Nuevo Santander vivió Isidora Valle, a quien fusilaron el 20 de mayo 1815 en la Villa de Aguayo, (actual Ciudad Victoria, Tamaulipas), junto con otros insurgentes que se habían sumado al grito de libertad y de independencia que el padre Hidalgo había proclamado en 1810. Ella siguió a los rebeldes que pelearon contra el régimen del entonces gobernador del Nuevo Santander don Manuel Iturbe, entre los que destacaban Bernardo “El Indio Huacal”, Martín Gómez de Lara y otros que cayeron derrotados por Joaquín de Arredondo y su fuerza compuesta por solo 200 hombres. Isidora tuvo la fortaleza de servir como correo, como proveedora de alimentos y municiones a los alzados. Fue una efectiva informante entre los más recónditos lugares de la sierra de Tamaulipas. Después de su ejecución, su cabeza fue llevada a Ocampo, Tamaulipas, (antigua Santa Bárbara), para que todos vieran lo se hacía en contra de los insurrectos.

De Cadereyta tenemos a Leonarda González. Durante la invasión francesa participó activamente como correo del Cuerpo de Caballería y también como mujer entrona que no temía a la muerte ni a los golpes. Entre su vestido y enaguas, lo mismo guardaba mensajes, cargas de pólvora y medicinas. Hasta instrumentos musicales llevaba a las tropas para que se divirtieran en los momentos de distracción.  Ella murió en Santa Catarina el 26 de octubre de 1878, de 45 años de edad, ya viuda de Luis Sandoval.

Hay una dama que en vida llevó el nombre de María de Jesús de la Rosa, quien inspiró al Corrido de Jesusita en Chihuahua y de  la canción de la Coronela. Al morir su esposo, (un hombre de apellido Garza) tomó su caballo y sus armas y se lanzó a la revolución. También organizó una fuerza que al grito de “¡Órale Muchachos!” se lanzaban a la lucha. Jesusita portaba dos pistolas ocultas en sus enaguas, un fusil amarrado a la espalda y una pistola en la cintura. Nació en Parras de la Fuente, Coahuila en 1892 y militó en los bandos que hicieron posible la derrota del usurpador Victoriano Huerta. Por entrona fue ama y señora de las tropas constitucionalistas. Para 1918 vivía en la hacienda Larraldeña de Sabinas Hidalgo y a partir de 1920 residió en Nuevo Laredo en donde adquirió unos terrenos que poco antes de morir donó para que en ellos se construyera una escuela. Ella falleció en 1957 sin dejar descendencia.

Otra canción típica de la revolución es la de Marieta, que nos habla de una mujer coqueta y que en consecuencia de serlo, le advierten que no lo sea, porque los hombres prometen mucho y cumplen poco y además lo que dan son puros palos. Probablemente la letra de ésta canción está dedicada a una mujer de nombre Marieta Martínez que por andar peleando en el bando contrario fue mandada fusilar por Pascual Orozco. Pero la música es más antigua de lo que parece, pues existen partituras que datan de fines del siglo XIX y que en 1910 fue registrada como una polka de piano. Hay versiones francesas e italianas muy populares y con letras similar a la que cantamos en México. Aunque su autoría de acuerdo a un disco que vi, se le atribuye a un señor llamado Samuel M. Lozano.

Pero no todas las mujeres de armas tomar han inspirado canciones o corridos. No obstante, con su pluma hicieron temblar a más de un batallón y al menos a dos presidentes, uno de los Estados Unidos y el otro ni más ni menos que don Porfirio Díaz. Ella se llamó Andrea Villarreal González, nacida en 1881 en Lampazos del Naranjo, hermana de don Antonio I. Villarreal, uno de los líderes de la División del Noreste que peleó a favor del constitucionalismo. Siendo joven y muy guapa, siguió a su hermano cuando fue escapó a los Estados Unidos. Allá se dedicó a escribir artículos en contra del régimen y se afilió a un club magonista. Incluso criticó al presidente de los Estados Unidos por estar apoyando indirectamente a don Porfirio.

Fue amenazada, pero siguió escribiendo en beneficio de la revolución mexicana. Regresó a México y se quedó a vivir en Monterrey, en donde murió en 1963, sin descendencia y sumida en la pobreza. Junto con su hermana Teresa se dedicó al proceso de liberación femenina entendida como proyecto de utopía por alcanzar. Tenemos en Monterrey dos estudiosas de ella, como lo son Aurora Díaz de García y Griselda Zárate. Para darnos cuenta de lo combativa que era, un verso suyo dice: “Los estandartes de la Revolución se izarán en la patria de los aztecas y nuestros bandidos alzarán el hermoso grito de ¡Viva la libertad!, ¡Abajo el mal gobierno!”

Otra mujer que se distinguió en el campo de batalla como en la promoción de las ideas, fue doña Consuelo Peña de Villarreal, quien nació en Monclova en 1896. Participó activamente al lado de su padre y de su esposo en el movimiento carrancista, ya sea como enfermera o como mujer de armas tomar. Escribió una obra llamada La Revolución en el Norte en la que recupera historias basadas en lo que vio.


Pero estos casos no son los únicos, desde 1813 andaban mujeres cuidando a sus maridos, amamantando a sus hijos, alimentando a la tropa y curando a los heridos. Sabemos de féminas que participaron en el ataque a Monterrey en julio de 1813 y en el sitio a la antigua Pesquería Grande, actual García, Nuevo León. Hubo dos que pelearon en la línea mexicana durante el “Sitio de Monterrey” en septiembre de 1846. Una se llamaba Josefa Zozaya y la otra María Dosamantes.  

Hay mucho que hablar y tratar de la mujer en la historia, ya sea nacional como regional. Espero que estos ejemplos inspiren y propongan nuevas líneas de investigación de cada una de ellas.

domingo, 5 de noviembre de 2017

La Décima Musa: Sor Juana Inés de la Cruz

Antonio Guerrero Aguilar/

Dicen que el mexicano tiene una conducta barroca, expresada en la forma de hablar con muchos adjetivos y rodeos. Nuestra forma de ser un poco o un tanto complicada, tendiente a vivir la vida siempre en extremos. La mentalidad barroca de los siglos XVII y XVIII, postulaba un mundo fragmentado e incompleto, en continuo proceso de desarrollo. Por ello concebía al individuo como un ser capaz de inventar estrategias, artes y cosas para integrarse a ese desarrollo.  Ese sentido se refleja tanto en el arte como en otras esferas sociales de la Nueva España. Por cierto, barroco es una palabra de origen portugués que literalmente significa profusión y abundancia, aplicada originalmente a los adornos de los retablos, templos y demás construcciones de la Nueva España.

Se considera a Sor Juana Inés de la Cruz como una escritora barroca. Ella escribía desde el claustro de un convento y desde una perspectiva femenina, experimentaba la mentalidad en crisis de la época que invadía al imperio español. Por ejemplo, la monja jerónima produjo su versión de una batalla de sexos para superar la inestabilidad que amenazaba la formación intelectual y espiritual de la persona, especialmente en un ambiente que no admitía fácilmente la entrada de las mujeres a las instituciones rectoras de su tiempo.

Sor Juana Inés de la Cruz nació en San Miguel de Nepantla, Estado de México el 12 de noviembre de 1651, aunque algunos especialistas como Guillermo Ramírez España y Alberto G. Salceda, sostienen que en vio la luz tres años antes. Ellos localizaron su fe de bautizo, realizado el 2 de diciembre de 1648 en la parroquia de Chimalhuacan en Chalco con el nombre de Inés, hija natural de Isabel Ramírez de Cantillana. Fueron sus padrinos Miguel y Beatriz Ramírez. Además tuvo dos hermanas, Josefa María y María de Azuaje.


Sor Juana aprendió a leer a la edad de tres años. Ella misma escribió: “dediqué el deseo de leer muchos libros varios que tenía mi abuelo, sin que bastasen los castigos y represiones a estorbarlo”. Por su clara inclinación al estudio, siendo niña solicitó a su madre que la enviara a la Ciudad de México vestida de varón para poder asistir a la universidad.  A pesar de lo adverso a la educación intelectual femenina, logró una excelente formación humanística. Siendo una adolecente hablaba y leía el latín. Por su bella y delicada presencia, para 1665 figuraba como dama de la virreina marquesa de Mancera. Al poco tiempo ingresó al convento de la orden de las carmelitas de donde pasó después al convento de San Jerónimo.

Ahí desde la celda y la biblioteca del convento, escribió poesía, obras de teatro  y literatura en prosa. Se sabe por testimonios de su época que cuando no se aprendía o dominaba algo, se cortaba dos dedos su cabello, pues decía que no era posible que su cabeza estuviera poblada de cabellos y no de conocimientos. Tuvo dificultades con sus directores espirituales que le prohibieron estudiar. Existen cartas en donde refutaba la postura de sus confesores. Entre sus escritos sobresalen algunos autos sacramentales como: El cerco de José, El Mártir del Sacramento, El divino Narciso, las comedias: Los empeños de una casa, Amor es más laberinto y varias poesías como Inundación Castálida; Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, algunas loas y sainetes.

Por todo lo adverso que tenía, hace una defensa de la mujer. Son muy conocidos los versos que tratan  de ello: Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón,/sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis./ Sin con ansia sin igual/ solicitáis su desdén/ ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?/Combatís su resistencia/ y luego no gravedad,/ decís que fue liviandad/ lo que hizo la diligencia./Cuál mayor culpa ha tenido,/ en una pasión errada:/ la que cae de rogada, / o que ruega de caído?/¿O cuál es más culpa,/ aunque cualquiera mal haga:/ la que peca por la paga,/ o el que paga por pecar?/ Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis?/ Queredlas cual las hacéis/ o hacedlas cual las buscáis.

En 1692 hubo fuertes lluvias e inundaciones en la capital del virreinato. Llegaron las plagas y a falta de alimentos, los pobladores se amotinaron el 8 de junio de 1692. Las epidemias continuaron y en consecuencia murió el 17 de abril de 1695 en la Ciudad de México. Dos meses exactos antes había fallecido su confesor el padre Núñez de Miranda.

Dominó casi todos los campos del saber. En su obra, vemos la preocupación por la equidad entre hombres y mujeres, en el acceso a las mismas oportunidades de instrucción y su constante negación a los clásicos atributos femeninos, tales como la frivolidad, la coquetería, inconstancia, superstición, chismes. A cambio, promueve la aspiración a la autonomía de la conducta de la propia vida. Sin duda alguna, Sor Juana reúne todo para ser catalogada como un genio literario de la época, por su amplitud de miras, la reivindicación de un verdadero cambio y la solidaridad. Sin duda alguna; el prototipo feminista recae en ella. Por su genio intelectual es llamada El Fénix de México y la Décima Musa.

Durante el sexenio de José López Portillo, encontraron sus restos mortales en lo que fue parte del convento en donde vivía. Dicen que al saber de ello, la señora Margarita López Portillo, entonces titular de Radio, Televisión y Cinematografía del gobierno federal, solicitó que le llevaran el tocado y parte del hábito distintivo de Sor Juana. Luego se consiguió que en ese sitio se estableciera el llamado Claustro de Sor Juana. En la década de los 1980 fue localizada una carta de ella en la biblioteca del Seminario de Monterrey en la cual renuncia a su confesor asignado y que el Padre Aureliano Tapia Méndez publicó después con mucho éxito.


Debemos cambiar la imagen de ésta mujer inquieta y ávida de conocimientos que aparece en los billetes de 200 pesos. Una mujer que inclusive cuidó su aspecto físico, pues dicen que usaba zapatos de tacón dentro del convento, tenía una sirvienta a su lado y que con su grandeza social soportó y enfrentó las más crueles críticas en torno a su origen y vocación por el estudio y la escritura. Por cierto, “sorella” es una palabra italiana que significa hermana. De ahí que designemos a las religiosas como sor, que es una contracción de “sorella”.


domingo, 29 de octubre de 2017

De San Pedro de los Salazares al Álamo

Antonio Guerrero Aguilar/

Hay muchas localidades dentro del municipio de Santiago, Nuevo León. Una de ellas sobresale por sus aportes a la música, a la gastronomía y a la identidad regional. Se llama San Pedro de los Salazares, en honor a Pedro de Salazar y Ruiz de Ocón, un poblador nacido en 1663 en San Juan del Río, Querétaro, hijo del caudillo militar Pedro Alonso Ruiz de Ocón y María de Salazar. Como se advierte, por alguna razón usó el apellido de su madre. Se casó con Inés Rodríguez de Montemayor y de la Garza Falcón en 1691, perteneciente a la familia que formó la Hacienda de San Pedro Los Nogales, en el actual Garza García. Pedro tenía dos hermanas llamadas María Ana y Tomasa, casadas a su vez con sus cuñados Diego y Nicolás Rodríguez de Montemayor. Los Rodríguez Salazar y Salazar Rodríguez, son los pobladores y origen de todas las familias que poblaron Santiago, Allende y Montemorelos.

La dote de doña Inés Rodríguez, comprendía una región con varias caballerías de tierra y sitios de ganado mayor. Ahí establecieron la Hacienda de San Pedro de los Salazares, desde el río Escamilla hasta el arroyo Margaritas al sur del Valle del Huajuco. Excepto una hija, todos los hijos llevaron el apellido Salazar: Pedro, María, Catarina, Marcos, Micaela, Pedro Santiago,  Juan José e Ysidro.  Con el correr del tiempo, San Pedro se convirtió en una de las comunidades más prósperas de Valle del Huajuco y de la municipalidad de Santiago creada en 1831. De ahí salieron algunos vecinos para establecerse en el Rancho El Reparo que se convirtió en Allende, Nuevo León en 1850. Con tierras fértiles, buen clima y lugar de paso entre Monterrey y Linares. Es curioso, la parroquia de Allende está dedicada a San Pedro Apóstol y en cierta forma también que ver con San Pedro Garza García y uno de los primeros alcaldes de Allende era un Salazar.

Entre 1928 y 1930 se construyó el tramo de la carretera Nacional México-Nuevo Laredo. Ahí al oriente del camino real estaba un pequeño restaurante compuesto por dos cabañas. Se podía ver al frente un letrero con el título: “El Álamo Café, San Pedro, Villa de Santiago, N.L. propiedad de Joaquín Morales Cavazos”. El lugar se hizo famoso porque ahí acudían los trabajadores como ingenieros a probar sus alimentos, luego se quedaban descansando a la sombra de un frondoso álamo, que dio nombre al negocio.

En 1937 don Joaquín lo vendió a don Alfonso M. Salazar Tamez, que ocupó la alcaldía municipal entre 1937 y 1938. El nuevo propietario construyó un local más grande, en un terreno situado del otro lado de la carretera. Además del restaurante tenía gasolinera, carnicería, molienda, mueblería, depósito, albercas, terrazas para fiestas y reuniones, diversiones, paseos a caballo y hasta un zoológico en donde tenía como atracción principal un oso al que daban a beber unas soda o cerveza. Y el animalito se hizo el símbolo, porque lo pusieron con el letrero luminoso que anunciaba a tan emblemático restaurante. Los domingos por la tarde hacían bailes en donde amenizaba el conjunto de don Pedro Mier, acompañado por sus hijos Jaime, Nicandro y Wenceslao Moreno.

Entonces El Álamo se hizo aún más famoso por sus músicos que se hicieron llamar Los Montañeses del Álamo. Ahí estaba la parada de los camiones Monterrey- El Álamo como de Monterrey-Linares-Ciudad Victoria. Cada vez que llegaban el chófer les anunciaba: “El Álamo 20 minutos para ver al oso” y los viajeros aprovechaban para comer y en especial ver al oso que se tomaba las bebidas. Los primeros camiones que llegaban al Álamo, pertenecieron a Mateo González Rodríguez, José Rafael Lastra y Leonelo Marroquín. Les decían “Julias”, solo hacían un viaje al día y un día antes, pasaban casa por casa para saber quién tenía vuelta a Monterrey.

En 1940 don Leopoldo Marroquín inició su famoso merendero que tenía la forma de un sombrero de charro y al que por lo mismo le llamaron “El Charro”. A menos de 50 metros, estaba la competencia del restaurante de don Alfonso M. Salazar Tamez que tenía la concesión de la cerveza Superior. En consecuencia recibía todo el apoyo de la Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, para llevarles caravanas de artistas tan famosos de la época, como Lucha Reyes, los Sembradores del Naranjo y hasta los Alegres de Terán. En 1957 don Antonio Tolentino se hizo del negocio. Con buena variedad de platillos se come muy bien en el local, pero lo más reconocido es la riquísima carne seca estilo “El Charro”. Hacen tasajos, los salan y los dejan secar sobre las estufas, luego los machacan y destazan para cocinar el rico caldillo norteño y el machacado con huevo.

De San Pedro de los Salazares son los famosos turcos, y aunque haya varios negocios, a todos se les conocen como los “turcos del Álamo”. Son unas empanadas de carne que supuestamente trajo una familia procedente de Tamaulipas. Venían en una carreta y le pidieron permiso a Mariano Cavazos para pasar la noche, quien les dio alojamiento y les ofreció trabajo. Ellos decidieron pasar un tiempo, hasta que un día el padre de la familia le dijo que habían decidido continuar su marcha hacia los Estados Unidos. Antes de partir le pidieron el horno para preparar comida para el camino. Las señoras pusieron a cocer la carne de puerco en un cazo de cobre. Ya lista la deshebraron y luego mezclaron con miel de piloncillo, canela, clavo y anís en lugar de tomate, chile y cebolla. Cuando la carne quedó seca, amasaron harina con manteca de puerco para rellenar unas empanadas. El dueño les preguntó por qué la hacían con dulce y ellos le dijeron que así la carne no se echaba a perder y como iban lejos necesitan comida. Los viajeros dejaron la receta para elaborar las empanadas que su hijo Julián después las hizo tan famosas. El letrero del negocio tiene la fecha de 1923. Hay más panaderías como la de don Justo Silva y recientemente “Los Turcos Santiago” de don Librado Salazar.

Respecto al nombre hay dos versiones, Don Pepe Lastra Cavazos (Q.E.P.D.) contaba que una ocasión llegaron unos turistas y las probaron. Dijeron que tenían forma de la media luna que se puede observar en la bandera de Turquía. Posiblemente a la empanada que llamamos “turco”, tenga que ver con el famoso pan del Magreb, la región al norte de África en donde hacen pan de muchas formas. Para los pueblos islámicos es pan es un don de Dios, por eso es sagrado. Según la tradición el Arcángel Gabriel le enseñó a un profeta llamado Adán el arte de la panadería. En la gastronomía turca hay un pan con relleno que se come fuera de casa, al que llaman “Medio pide ovalado”. Posiblemente tenga que ver con esto, como nuestra tortilla de harina parecida al pan árabe, y que a lo mejor esté relacionada con la elaboración de comida del Magreb. Pero allá en Zuazua los hacen redondos y a la carne le ponen nuez. Por cierto, turco en su lengua materna significa fuerte y a lo mejor en griego, designa a los dueños o propietarios.


Pero en fin, son tantas cosas que nos hablan de El Álamo. En realidad se llama San Pedro de los Salazares, un apellido de origen vasco o de Burgos, España. Alguna vez hubo un restaurante que dio origen a los Montañeses y luego a unas empanadas que llaman Turcos del Álamo y de otro restaurante que se llama El Charro en donde preparan muy buenos platillos.  

domingo, 22 de octubre de 2017

Los hechizos convertidos en sarapes

Antonio Guerrero Aguilar/

¿Sabían que los primeros sarapes se hicieron en Nuevo León? Cuando Martín de Zavala se hizo de la gubernatura del Nuevo Reino de León en 1626, se comprometió a fundar dos villas, propiciar la población y minería y promover la agricultura como la ganadería. Como había suficientes y buenos pastos, aguajes y suelos salitrosos, dispuso la entrada de cientos de miles de cabezas de ganado menor. El primer ganadero fue Antonio Leal procedente de Huichapan, quien trajo unos 30 mil borregos y cabras. La región se hizo tan famosa en la Nueva España, que se abrieron rutas de ganado trashumante que llegaban entre el otoño y el invierno para llevarlas a sus lugares de origen en la primavera. De acuerdo al fraile José Arlegui, en los siglos XVII Y XVIII llegaron un millón y medio de ovejas, conducidos por gente que venía de los Altos de Jalisco, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo y Tlaxcala.

En el Valle de las Salinas (conformado por los actuales municipios de Mina, Hidalgo, Abasolo, El Carmen y Salinas Victoria), había mujeres que trabajaban muy bien el algodón. Elaboraban rebozos, cotones, sarapes y cuanto se les pedía. Decían que los productos salían caros, en especial porque no tenían en donde hacerlos. Los primeros telares llegaron en 1804. El gobernador José María Parás informaba en 1827, que los sarapes más finos y de mejor vista, eran llamados “hechizos”. En ese año se instalaron los primeros establecimientos para la elaboración de mantas. Pero dos años después las actividades estaban detenidas, debido a la preferencia y al bajo costo de lienzos de algodón que importaban del extranjero.

Pueblos como Abasolo, San Francisco de Cañas (actual Mina) y San Nicolás Hidalgo y otros más, reportaron buenas ganancias en 1832. En 1849 hacían jorongos y rebozos tan finos con hermosos colores combinados. La industria dependía de las mujeres. Ellas hilaban, teñían y tejían magníficos rebozos, jorongos, colchas, alfombras, sobremesas, manteles, servilletas, costales, cojines, ceñidores, ataderas y otras cosas. Sin valerse de telares, trabajaban con destreza la seda como el algodón y la lana. Exportaban sus productos a diversos sitios. De acuerdo a su finura, los jorongos valían de 20 a 100 pesos, los rebozos de seda 80 y los de algodón 30 pesos.

El gobernador Santiago Vidaurri informaba que se vendían muy bien en la "Feria del Saltillo" y que por esa razón, a los sarapes y jorongos (en lugar de “hechizos”) les llamaban “Saltilleros”. Había 22 talleres en el Valle de las Salinas como Sabinas Hidalgo que reportaban un costo beneficio de 11 mil pesos, con 15,300 pesos de capital, costando las máquinas y enseres 12,755 pesos y 1,920 pesos los materiales. Como era buen negocio, en 1869 el gobernador don Viviano Villarreal propuso una exención de impuestos de dos a tres años y conceder privilegios a quienes se dedicaran a éstas actividades.


En 1883 Gonzalitos se lamentaba que las féminas ya no querían tejer ni hilar: “hace más de 20 años que no tientan un malacate. Solo en Salinas y pueblos inmediatos se hallan mujeres pobres que tejen un jorongo o una servilleta. En lugar de tejer, ahora se dedican a la música, al canto, la danza o algunas a tejer o bordar con el gancho”. Pero daba constancia de la calidad de los productos hechos por artesanos. Solo en Sabinas y sus alrededores eran manufacturados por mujeres. 

Hubo un tiempo, en que no había fábricas textiles, pero las damas se pasaban hilando y formando sarapes que se vendían tan bien en Saltillo. Paradójicamente, los comenzaron a confeccionar en el Valle de las Salinas.

domingo, 15 de octubre de 2017

Morones Prieto y Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/

Muchos los municipios de Nuevo León tienen el orgullo de ser la cuna de muchos y exitosos hombres de bien que han gobernado nuestra entidad. Linares por ejemplo lleva al menos unos 15. De los municipios que rodean a Santa Catarina, San Pedro Garza García ha dado dos: Lázaro Garza Ayala y Jerónimo Siller y Villa de García cuatro: Joaquín García, Genaro Garza García, Canuto García y Albino Zertuche que lo fue en Oaxaca. Santa Catarina no ha dado propiamente a algún gobernante en forma por decirlo así directa, lo cual no impide de que nos apropiemos de al menos cinco de ellos: José Joaquín de Mier y Noriega, Joaquín García, Genaro Garza García, Ignacio Morones Prieto y Raúl Rangel Frías. 

El Dr. Ignacio Morones Prieto, fue un ex gobernador de Nuevo León que vivió en La Fama, debido al rechazo de las élites regiomontanas que no vieron con buenos ojos su llegada al poder. Había nacido el 3 de marzo de 1899 en Linares, Nuevo León. Estudió en el Colegio Civil de Monterrey, para luego trasladarse a San Luis Potosí en donde vivía su familia. Se graduó como médico en la Universidad de San Luis Potosí. Cursó un posgrado en la Universidad de París La Sorbona y al regresar lo nombraron rector en su Alma Mater entre 1940 y 1944, impartió clases y mantenía su consultorio particular. Y de ahí a Nuevo León.

El Lic. Arturo B. de la Garza gobernó la entidad de 1943 a 1949. Su secretario general de gobierno, el Lic. Eduardo Livas Villarreal aspiró a la gubernatura de Nuevo León. El entonces presidente de la República el Lic. Miguel Alemán Valdés, temiendo del grupo político más influyente en la entidad en donde participaban los generales Anacleto Guerrero como Bonifacio Salinas Leal, prefirió designar como gobernador al médico Ignacio Morones Prieto.

En 1949 fue postulado por el PRI como su candidato a gobernador de Nuevo León y asumió la gubernatura del estado el 4 de octubre de 1949. Pero no le importó la animadversión.  Entre otras cosas, emprendió una reorganización de las finanzas públicas y en mayo de 1950 inició la obra más reconocida de su gestión: la canalización del río Santa Catarina, con la cual rescataron 850 mil metros cuadrados de terreno, además de la ampliación de la Plaza Zaragoza y la construcción de la carretera Galeana-San Roberto. También impulsó el establecimiento de dos plantas termoeléctricas. En materia de salud se erradicó de la entidad el paludismo.

Morones Prieto benefició a la industria a través de la exención de impuestos y de otros estímulos. Enfrentó algunos conflictos surgidos entre los comerciantes de la entidad y las autoridades federales de comercio, quienes impusieron un rígido control de precios a las mercancías. Los comerciantes regiomontanos protestaron y el gobernador intervino firmando un pacto con la Cámara de Comercio, fijando las condiciones de venta de los artículos de primera necesidad. Todo eso en tan solo tres años de servicio al pueblo de Nuevo León.

Pero también los empresarios vieron al doctor Morones Prieto como una imposición desde el poder central y una vez en el cargo, le hicieron la vida difícil al gobernador que propiamente no tenía arraigo en la región. Para evitar confrontaciones, consiguió que el empresario Benjamín Salinas, propietario de una quinta en donde ahora está la colonia Protexa le prestara su casa para residir en ella con su esposa y una hija. Morones Prieto se hizo muy amigo de las fuerzas vivas de La Fama y de Santa Catarina, por eso le pusieron su nombre a una calle del sector. 

Morones Prieto solo estuvo tres años como gobernador (1949-1952) pues fue designado Secretario de Salud por el entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines, quedando en su lugar don José Vivanco, por cierto, también originario de Linares. Estuvo en la administración federal de 1952 a 1958, luego embajador de México en Francia (1959-1965) y director del Instituto Mexicano del Seguro Social de 1965 a 1970. En 1968 recibió la medalla Rubén Darío de parte del gobierno de Nicaragua. Morones Prieto murió en la ciudad de México en 1974.

Hemos tenido gobernadores que no los valoramos bien en su tiempo, más la historia le hizo honor cuando llamaron con su nombre a una importante avenida que va desde Santa Catarina hasta Guadalupe, Nuevo León.  

domingo, 8 de octubre de 2017

Her el Armenio: el guerrero que regresó de la muerte

Antonio Guerrero Aguilar/

Al finalizar el libro de La República, Platón le cuenta a Glaucón la historia de un hombre valiente originario de Panfilia conocido como Her el Armenio, quien murió en un campo de batalla. Diez días después su cuerpo fue recogido entre despojos ya en estado de putrefacción. Pero sus restos estaban intactos, por eso lo llevaron a su casa. Pasaron dos días y cuando lo iban a quemar sobre una pira resucitó. Entonces comenzó a explicar a los presentes lo que había visto en ese tiempo acerca de la vida en el más allá y del sistema del cosmos.

Cuando el alma de Her se separó de su cuerpo, acudió con otras a un lugar maravilloso en dónde vieron dos aberturas muy próximas una a otra. Entre ambas estaban sentados los jueces que recibían a las almas para darles su sentencia o su premio. Una vez que éstos evaluaban su proceder, las almas seguían su camino. Cada una de las almas portaba sobre el pecho un cartel que contenía su sentencia. Los buenos tomaban la abertura de la derecha que los llevaba hasta el cielo y los malos el de la izquierda para bajarlos hasta la tierra. Cuando Her estuvo frente a los jueces, estos decidieron que regresara a la vida para comunicar a los hombres lo que pasaba en el otro mundo.

Una vez que castigaban o recompensaban sus conductas, las almas procedentes de las dos aberturas regresaron al punto de camino. Ahí los que se conocían se saludaban y entre gemidos y llantos se quejaban de los sufrimientos que habían tenido a lo largo de mil años en la tierra. Mientras los que habitaban en el cielo, contaban las bondades y alegrías de las que habían participado.

Her da cuenta de la reencarnación de las almas y de las esferas celestes. Describe cómo llegó a la llanura del río Leteo, que es cruzado por el río Ameles (literalmente significa descuido). Desconocía como su alma había regresado para encarnar otra vez en su cuerpo cuando estaba a punto de ser quemado. Las almas estaban obligadas a beber de sus aguas para provocarle un olvido completo. Los griegos creían que las almas bebían de este río antes de ser reencarnadas, así no recordaban sus vidas pasadas. Quienes tomaban agua del río Ameles olvidaban su vida.

Her vio al cosmos representado por el “Huso o rueca de la Necesidad”, acompañado por sirenas y las tres hijas de la diosa Necesidad, conocidas como las “Moiras”. Moira significa parte o porción y por extensión es la porción de vida o destino que cada uno de nosotros tenemos. También conocidas como las parcas, controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte y el más allá. Su tarea era mantener el giro del huso. El Huso de la Necesidad ayudaba a explicar cómo los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra. Sobre el huso había ocho órbitas. Cada una de las órbitas, creaban un círculo perfecto. Cada órbita representaba a los cuerpos conocidos de nuestro sistema solar. En función de las descripciones de Platón, estas órbitas pueden ser identificadas como las de los planetas conocidos. Platón concebía al mundo como un gran animal dotado de un alma propia. En uno de los diálogos del Timeo, afirma que el alma del mundo se había hecho de acuerdo a las proporciones musicales descubiertas por Pitágoras.

Her vio al universo durante su muerte temporal y describió a los planetas como una serie de círculos que giraban en órbitas concéntricas. Encima de cada uno de los círculos iba una Sirena que daba también vueltas y lanzaba una voz siempre en el mismo tono. Eran ocho voces que formaban un acorde. Había tres mujeres conocidas como las parcas, vestidas de blanco y con ínfulas en la cabeza sentadas en círculo, cada una en un trono y a distancias iguales, quienes eran las hijas de la Necesidad, llamadas Láquesis, Cloto y Átropos. Ellas cantaban al son de las sirenas: Láquesis representaba el pasado, Cloto el presente y Átropos el porvenir.

El sonido producido por las esferas dio origen a la música celeste. Pasado el tiempo, Kepler se apoyó en los mitos de Platón para su concepción del universo y en el sistema de Copérnico que planteaba que el Sol era el centro en torno al cual giraban los planetas. Kepler postulaba que el modelo del universo estaba basado en la geometría: entre las órbitas de los seis planetas conocidos (Saturno, Júpiter, Marte, Tierra, Venus y Mercurio) estaban inscritos las cinco figuras perfectos mencionados por Platón: el cubo, tetraedro, dodecaedro, icosaedro y octaedro.

Para muchos, este relato es considerado como una invención de Platón, apoyado en tradiciones órficas y pitagóricas. Posiblemente tomó el nombre de Her de alguna leyenda relacionada con un consejo de Zoroastro. Respecto al origen del guerrero Her, a quien hace de Panfilia, una antigua provincia romana del sudoeste de Asia Menor, situada a lo largo de la costa mediterránea, que por cierto San Pablo visitó. Mientras que Armenia es una nación situada entre Turquía e Irán. Algunos tienen la creencia de que estuvo situado el Edén y en una de sus montañas, se quedó la embarcación utilizada por Noé. El nombre del país tiene una etimología relacionada con la palabra Tierra.

Creo que el fin pedagógico del relato tiene que ver con lo siguiente: el alma es inmortal y es capaz de conocer todos los bienes y todos los males. Cada uno de nosotros, dejando a un lado todas las demás ciencias, debe buscar aquellas que nos hagan descubrir las lecciones, necesarias para distinguir las condiciones venturosas de las desventuradas y elegir siempre lo mejor de ellas.


La palabra dicha significa felicidad o buena suerte. Tiene que ver con decir y con las cosas que se dicen. Los romanos pensaban que la felicidad dependía de algunas palabras que los dioses o las parcas pronunciaban en el momento del nacimiento de un niño. Así el destino quedaba trazado en la “dicta” o la cosa dicha. De aquí también se deriva la palabra destino, como aquello que se dijo. Indudablemente, para morir hay que vivir. Y todos a través de nuestros actos y vivencias pretendemos la trascendencia. Para Ernesto Sábato, “no hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí”.

domingo, 1 de octubre de 2017

De Ciudad Benito Juárez, Nuevo León

Antonio Guerrero Aguilar/

El 30 de diciembre de 1868, el entonces gobernador general don Jerónimo Treviño, decretó la creación de una nueva municipalidad a la que llamaron Villa de Juárez en honor al benemérito Lic. Benito Juárez García. Un municipio ya conurbado cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XVII. Estas tierras fueron mercedadas originalmente a Diego Rodríguez, luego pasaron a José de Treviño, Antonio Vázquez del Río, Gonzalo Fernández de Castro y José Méndez Tovar. Bernabé González Hidalgo adquirió diez sitios de ganado menor, estableciendo la Hacienda de San José el 1 de abril de 1642, perteneciente a la jurisdicción de la Villa de San Juan Bautista de Cadereyta.  Bernabé era hijo de Marcos González Hidalgo, primer poblador de la hacienda de San Bernabé del Topo Chico en 1604. Casado con Leonor Gutiérrez, padre de varios hijos, entre los que destacan Bernabé y Mateo. A la muerte del fundador, la hacienda San José fue repartida por Juan Bautista Chapa en 1690. Las tierras eran de agostadero y unas cuantas a la siembra de maíz y caña de azúcar para hacer piloncillo.

Resulta raro que llamándose San José y en consecuencia les conocieron como los “chepes”, hayan elegido a Nuestra Señora del Rosario como patrona de la nueva comunidad. Pero Bernabé era un fiel devoto de la virgen. Resulta que la hacienda del Topo Chico estaba dedicada también a nuestra Señora del Rosario, aunque se llamaba de San Bernabé. Los vecinos justificaban la devoción en base a una leyenda, cuentan que un asno llevaba dos cajas, en una a la virgen de Nuestra Señora de Agualeguas y en la otra al Rosario. Esta se quedó en el pueblo y la otra recorrió buen tramo para llegar a la misión de los indios Gualeguas.

A mediados del siglo XIX, los vecinos pidieron separarse de Cadereyta y crear una municipalidad llamada del Rosario, pero cuando hicieron la medición de las tierras, resultó que las tierras de cultivo quedaban fuera de la jurisdicción. Como no tenían recursos para indemnizar a Cadereyta, decidieron detener la elección del primer cabildo, hasta contar con mejores condiciones políticas y económicas. El 7 de diciembre de 1867, los vecinos pidieron que se les ratificara el acuerdo del Honorable Congreso aprobado con anterioridad. Tenían recursos para adquirir los terrenos necesarios y contar con la demarcación que desde tiempo atrás les correspondía. Obviamente a las autoridades de Cadereyta no les gustó la segregación, pero ya no se opusieron y en consecuencia, un 30 de diciembre de 1868, el gobernador Jerónimo Treviño emitió el decreto respectivo:
“Jerónimo Treviño, General de Brigada y Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo León, a sus habitantes hago saber: que el Honorable Congreso del Estado decreta lo siguiente:
Art. 1º.- se erige una nueva municipalidad, compuesta de la Hacienda San José, que será su cabecera, la de San Antonio, Santa Anna de Arriba, Santa Anna de Abajo, San Roque, San Marcos, Las Adjuntas, Vaquerías, Rancho Viejo, La Tinta, La Ciudadela, San Mateo, La Lobita, Cieneguita y la Hacienda de los Garzas y Garzas García.
2º.- Esta Municipalidad se llamará “VILLA DE JUAREZ”

El primer alcalde fue Desiderio Treviño. Con muchas necesidades, el cabildo hizo la primera junta en un jacal techado de paja. El alcalde Gregorio González inició en 1870 la construcción del palacio municipal. El municipio se hizo famoso por su buena y abundante producción de maíz, frijol, piloncillo y tabaco. En sus agostaderos pastaba un ganado apreciado en la región. Los vecinos de San Roque donaron poco más de dos mil árboles para sembrarlos en la alameda de Monterrey. En 1889 ponen el tendido de la vía de ferrocarril al Golfo en 1889 y el 6 de enero de 1900 instalan el servicio telefónico.

Villa Juárez fue elevada a la categoría de ciudad el 11 de mayo de 1988, con el nombre de Ciudad Benito Juárez, por iniciativa del entonces alcalde Lic. Salvador Garza Salinas y el entonces gobernador el Lic. Jorge Treviño Martínez. Limita al norte con Pesquería, al sur con Santiago, al este con Cadereyta Jiménez y al oeste con Guadalupe. Tiene una extensión territorial es de 244.5 kilómetros cuadrados. Propiamente el municipio es montañoso, está al pie de la Sierra de la Silla. Es más, creo que tienen más derecho sobre el principal símbolo regiomontano. El 70%  de la extensión está en un valle atravesado por el río Santa Catarina y otros arroyos que bajan de la montaña, además del río La Silla. El 30% restante en zonas accidentadas. El río La Silla se une al Santa Catarina en un lugar denominado Las Adjuntas, y avanza al este para después unirse al San Juan en Cadereyta Jiménez. La flora se compone de huizache, barreta, ébano, cenizo y palmas. La fauna se integra por tlacuache, coyote, jabalí y conejo. Anteriormente era un municipio netamente agrícola y ganadero, pero la mancha urbana se impuso en el ámbito rural. Es un municipio en pleno crecimiento demográfico al oriente de la zona metropolitana, situado entre Monterrey y Cadereyta Jiménez.


Juárez tiene una rica y variada tradición gastronómica, preferentemente de tamales, chorizo y queso. Antes había moliendas en donde se producía piloncillo, agua de caña y aguamiel Se pueden mencionar las canastas, cestos y demás artículos que se fabrican con el carrizo, que es un producto típico de esta región. Si quieren conocer Juárez, deben visitar el Charco Azul, ubicado allá por el rumbo de San Roque, en donde aún se pueden ver muchas fincas campestres, además de balnearios y lugares pintorescos. 

Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.