miércoles, 24 de mayo de 2017

Una huelga en la ASARCO

Antonio Guerrero Aguilar/


Se le conoce como “huelga de brazos caídos”, a la suspensión de los trabajos en que los obreros permanecen en el local de la empresa. Esta inconformidad no es ilegal, pero como se quedan en las instalaciones, el dueño puede exigir la desocupación de los locales para que la huelga sea calificada de ilegal. Pues bien, el 24 de mayo de 1932, la policía montada de Monterrey enfrentó a unos trabajadores de la ASARCO que mantenían una “huelga de brazos caídos”. Se reportaron dos heridos de bala, cinco arrestados y muchas personas golpeadas. Aquí pueden ver la calle de Guerrero al norte, con las instalaciones de una empresa de la cual casi no se habla y muchas casas que destruyeron para convertir todo ese sitio en la famosa Centrika. Ah, la foto es de la década de 1930.

martes, 23 de mayo de 2017

La Alberca Monterrey


Antonio Guerrero Aguilar/


Para 1900, Monterrey tenía balnearios y baños a los que acudía la gente para divertirse, refrescarse un poco y procurar el aseo personal. Estaba el Ojo de Agua, también conocida como “La Alberca” en Allende y Zaragoza. Para muchos, uno de los baños más famosos de la región. Años después mandaron hacer la “Fuente Monterrey”, considerada como el sitio en donde se fundó la ciudad en 1596, por eso cuando lo destruyeron, hicieron la Fuente Monterrey. Estaban los baños de El Refugio enfrente de la plaza Degollado, en donde estuvo alguna vez el cine Cosmos. Los baños del Topo Chico con aguas termales, concurridos por turismo nacional y extranjero, había dos hoteles y se podía llegar en tren. Los baños de La Jarrita, considerado el baño de los pobres sobre el Canalón; los baños de la Presa por el mismo Canalón y los de San Lorenzo enfrente de la Quinta Calderón. Aquí una foto de “La Alberca”. ¿Verdad que estaba más bonito este edificio que los situados ahí, el Congreso y el Tribunal?

domingo, 21 de mayo de 2017

La ruta escultórica y las obras que se perdieron

Antonio Guerrero Aguilar/

Cuando don Alfonso Martínez Domínguez fue gobernador de Nuevo León entre 1979 y 1985, le disgustaba que la capital fuera considerada una ciudad fea, sucia y chaparra, sin elementos o rasgos definibles a partir de su identidad y memoria histórica. Por eso intervino con los alcaldes de los municipios conurbados, para que se sumaran al proyecto de la “Ruta Escultórica del Vidrio, del Acero y del Cemento”, con la intención de unificar y embellecer un corredor urbano e industrial. Un diseño de trazado urbano basado en las esculturas propuesto por el arquitecto Eduardo Padilla.  Para ello instalaron una serie de piezas escultóricas entre Santa Catarina, San Pedro Garza García y Monterrey. Todas ellas elaboradas con materiales producidos en las grandes empresas de Nuevo León. La materia prima hecha por nuestros obreros, convertida en los símbolos que han hecho grande a Monterrey, hasta consolidarla como la capital industrial de México. Y gracias al apoyo de empresarios, autoridades, asociaciones y ciudadanos ilustres, comenzaron a instalarse los monumentos artísticos.


Un año antes de tomar posesión como ejecutivo estatal, levantaron el “Surgimiento” de Rafael Calzada, colocada en 1978 en el camellón central situado en el cruce de Corregidora y Díaz Ordaz de San Pedro Garza García.  Se trataba de una estructura cubierta con material hecho y donado por Cerámica Regiomontana. Parecía una flecha luminosa saliendo de la Tierra y orientándose al cielo. Una sección del arco iris, compuesta por cientos de mosaicos y azulejos de distintos colores. Un cuchillo de obsidiana apuntando al infinito. Lamentablemente esa estructura fue destruida en septiembre de 2012 para levantar el paso a desnivel entre Corregidora y Díaz Ordaz.

Por ese tiempo instalaron el “Homenaje al Sol” de Rufino Tamayo. Luego “Albatros” de Rosalinda Albuerne en la torre Gia sobre la avenida Morones Prieto y otra escultura correspondiente a la serie “Teorema Lunar” de Manuel Felguérez, sobre la entrada a un edificio que el grupo Alfa mandó construir como oficinas administrativas y que ahora es sede del poder judicial, en un sitio donde confluyen las avenidas Cuauhtémoc y Constitución de Monterrey. En 1980 levantaron la obra monumental “Los Lirios” de Sebastián en una explanada correspondiente a las oficinas de CEMEX que se podía apreciar desde Morones o Constitución.

El 16 de marzo de 1980 el entonces presidente Lic. José López Portillo, inauguró en Santa Catarina un conjunto escultórico llamado “Monumento a la Constitución”, cuando visitó a Monterrey para promover la llamada Alianza para la Producción, en la cual colaboraban los tres niveles de gobierno y la iniciativa privada. Estaba entre la calle Madero y los rieles al iniciar la carretera Monterrey-Saltillo. El mandatario llegó hasta al sitio, la vio pero no se bajó del camión y con su comitiva siguieron rumbo a Monterrey. Desconozco el nombre del autor de la obra compuesta por seis columnas de distinto tamaño. Su color original era rojizo, luego las administraciones de extracción priísta las pintaban con colores blanco, rojo y verde y las panistas de blanco, naranja y azul. Cuando hicieron los famosos pasos a nivel en 1999 con Alejandro Páez Aragón la destruyeron. Esta foto corresponde al año de 1984 y más o menos en el mismo sitio, colocaron la escultura a la virgen de Santa Catarina.


En 1982 colocaron la escultura  en acero “Teorema Lunar” o AKRA de Manuel Felguérez, sobre la avenida Díaz Ordaz en San Pedro Garza García, en la entrada al complejo industrial AKRA Nylon de México y para finalizar la ruta, en 1985 inauguraron  la “Puerta de Monterrey” de Sebastián, compuesta por piezas geométricas y poliedros, precisamente en la entrada a Monterrey. El “teorema” permaneció en esos terrenos, hasta que el grupo ALFA vendió la planta a INVISTA; entonces  los campos deportivos, el centro social y la escultura quedaron abandonados y en el 2009 la escultura fue desmontada de su sitio original con la promesa de ser reinstalada en el campus de la Universidad de Monterrey, amparado en el proyecto del entonces gobernador Natividad González Parás (2003-2009), de propiciar un movimiento que privilegia la escultura como una forma de embellecimiento urbano. También quitaron los “Lirios” que se supone iban a dejar entre Morones y Gonzalitos, pero no la pusieron.



En ese sexenio se instalaron una serie de esculturas en ambos lados del Río Santa Catarina, como parte de la iniciativa de constituir a Monterrey y su zona conurbada como una “Ciudad del Conocimiento”, basada en la producción de saberes y el desarrollo económico y el capitalismo cognitivo, desmaterializado. Pero se les olvidó considerar que una “Ciudad del Conocimiento”, promueve la producción de saberes locales en donde la historia y la cultura regional son la base de partida.  Llegaron las lluvias de la tormenta tropical Alex en 2010 y el sentido de las avenidas Constitución y Morones Prieto quedó en un par vial, en donde las esculturas de renombrados artistas permanecen perdidas y olvidadas, sin apreciar su majestuosidad. Del corredor original entre San Pedro Garza García y Santa Catarina solo queda en pie la Puerta de Monterrey.

lunes, 15 de mayo de 2017

La Carretera Nacional o la Federal 85

Antonio Guerrero Aguilar/

Regularmente identificamos al tramo de la Carretera Nacional desde el Valle del Huajuco hasta Linares. Y efectivamente, desde los límites con Tamaulipas al sureste comienza esa importante vía de comunicación, que concluye hasta la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Entonces también pertenecen a la Carretera Nacional, las avenidas Garza Sada, Pino Suárez, Alfonso Reyes y Universidad junto con todos los municipios al norte que van hacia el Río Bravo.

Ahora, ¿desde cuándo está la Carretera Nacional? Casi toda la infraestructura carretera y de caminos, así como la dotación de servicios públicos se hizo a partir de 1927. Las vías de ferrocarril fueron instaladas en tiempos del Lic. Genaro Garza García y del general Bernardo Reyes, entre 1882 y 1890. Los gobernadores que siguieron no aportaron mucho en éste rubro; tal vez por la década complicada que tuvimos por la revolución mexicana. Con el triunfo del Plan de Agua Prieta en 1920, los presidentes sonorenses que llegaron al poder, entendieron perfectamente el objetivo de Porfirio Díaz de construir dos rutas de ferrocarril desde la Ciudad de México hasta Nuevo Laredo, Tamaulipas y Ciudad Juárez, Chihuahua. En cambio, a ellos les dio por hacer un camino de asfalto y en carretera con rumbo hacia esos dos destinos. Un par de carreteras para convertirlas en la “columna vertebral” de la nación, evitando que la nueva carretera corriera paralela a la vía férrea existente. Con ello se  fueron integrando regiones tradicionalmente aisladas y ricas en recursos a la economía nacional. A una le llamaron “la Nacional” y a la otra “la Panamericana”.

La Carretera Nacional fue iniciada en 1923. Esta salía de la Ciudad de México hacia el norte para enlazar al Estado de Hidalgo. De ahí hasta Tamazunchale en San Luis Potosí. Siguiendo el trayecto, atravesaba la Huasteca potosina para comunicar a la capital de Tamaulipas. De Ciudad Victoria hasta Linares y de ahí a Nuevo Laredo, pasando por los municipios de Linares, Hualahuises, Montemorelos, Allende, Santiago del Huajuco, Monterrey, San Nicolás de los Garza, General Escobedo, Apodaca, Ciénega de Flores, Sabinas Hidalgo, Vallecillo, Anáhuac y Nuevo Laredo.

En octubre de 1928 comenzaron la construcción en Linares y fue terminada en el verano de 1930. Para estrenarla,  el domingo 14 de septiembre de 1930 se hizo una carrera de autos desde Laredo, Texas a Monterrey. La Asociación Automovilística ofreció 8 mil pesos en premios a los vencedores.  Dicen que fue todo un espectáculo ver a los vehículos a toda velocidad. Bueno, a la que podían. La inauguración oficial de la carretera ocurrió el 4 de octubre de 1930. La gran obra promovió al turismo extranjero procedente del sur de Texas, por eso el gobernador José Benítez tuvo mucho empeño por cuidar el paisaje urbano y no dañar la imagen de la ciudad de Monterrey y de los municipios por los que pasaban; para que las caravanas de turistas que llegaban cada fin de semana, se quedaran asombrados por el trazo y el paisaje de una ciudad que parecía despertar de un nuevo porvenir.  Por eso mandaron oficios con los dueños de los predios por donde pasaba la carretera, para que tuvieran las bardas y fachadas pintadas y dispuestas.  Muchas de las obras que se hicieron tanto en caminos, como edificios públicos y particulares fueron realizadas por la constructora Fomento y Urbanización S.A. (FYUSA). La otra constructora se llamaba “Anáhuac” propiedad del general Juan Andreu Almazán, a quien veían montado en un caballo blanco revisando los detalles de la construcción de la vía de la comunicación, allá por el rumbo de San Nicolás de los Garza, Escobedo y Mamulique.

Una vez inaugurada la Carretera Nacional, apoyaron la creación de una Comisión de Caminos del Estado de Nuevo León, contando con el apoyo de la Cámara de Comercio de Monterrey, de la Asociación de Automovilistas y del Centro de Ingenieros, así como de los municipios involucrados por donde pasaban las vías y carreteras por abrir. Invirtieron 300 mil pesos para la apertura de caminos troncales; una red general de caminos atractiva y segura para el turismo norteamericano que ya no viajaba en el tren, sino en sus carros y camionetas. Instalaron las primeras estaciones de servicio a la orilla de la carretera, con hoteles, moteles, estacionamientos,  centros recreativos y balnearios desde Sabinas a Linares.

También por estos tiempos se comenzó a construir la Carretera Interoceánica Matamoros-Mazatlán. Se pavimentaron los tramos de Monterrey-Cadereyta Jiménez, Cadereyta Jiménez-Mexiquito y de Mexiquito a China y General Bravo hasta tocar a Reynosa, Tamaulipas. Originalmente la carretera pasaría 15 kilómetros al norte de cabecera municipal de China, pero las gestiones de las autoridades municipales propusieron el cambio de la ruta para que la carretera pasara por la calle principal. Esa carretera también benefició a Cadereyta Jiménez, Juárez, Guadalupe, Monterrey, Garza García, Santa Catarina y Rinconada perteneciente a García. La carretera de Monterrey a Cadereyta Jiménez era difícil de transitar en tiempos de lluvia y solo pasaban por ella unos 120 vehículos; con las obras necesarias el tránsito creció a 2,800.

La Carretera Nacional le dio impulso a todos los municipios por lo que pasaba y estaban cerca. Se hizo un camino asfaltado de 28 kilómetros de Cadereyta Jiménez a Villa de Santiago, otro de Guadalupe a San Sebastián de los Lermas. De Monterrey a Saltillo con un entronque para comunicar a García y sus grutas con un total de 28 kilómetros de trayecto.  Un camino a General Zuazua de casi diez kilómetros hasta el entronque a la Carretera Nacional, situado en Ciénega de Flores. De igual forma se construyeron carreteras locales para entroncar a Salinas Victoria con Mamulique y los Villarreal; más un camino de Villaldama a Lampazos y Estación Rodríguez y otro de Sabinas Hidalgo a Villaldama.

Por toda la Carretera Nacional, se podían apreciar pintorescas gasolineras, fondas, restaurantes y edificios con arquitectura del Art Decó. La zona citrícola se convirtió en una región con potencial turístico considerable, en Ciénega de Flores comenzó el negocio de carne seca y machacado con huevo de la Tía Lencha Quiroga y Sabinas se consolidó como el polo de desarrollo más importante en el norte de Nuevo León. La “Nacional” se hizo más importante que la vía del tren, hasta que en 1992 comenzó a operar la Autopista a Laredo. Y ahora para cuestiones oficiales, solo se refieren como la Carretera Federal 85, en lugar de la Carretera Nacional.

lunes, 8 de mayo de 2017

La presencia francesa en México

Antonio Guerrero Aguilar/

Francia es el nombre de una república europea que se deriva de la palabra franco, la cual designaba a un grupo de procedencia germánica que se adueñó de la Galia romana en el siglo V, llamada así en alusión a los pobladores conocidos como galios quienes pertenecían a la familia celta. Franco también tiene que ver con el arma predilecta de los antiguos pobladores de origen germánico que conquistaron la Galia, quienes llamaban a la lanza francho. Entonces los francos son los hombres de la lanza. A lo mejor de ahí viene la costumbre de llamarles “panchos” a quienes llevan el nombre de Francisco. Luego se usó la palabra franco como una equivalencia a libre, en oposición a quienes no dependían de los romanos.


Los francos dieron origen a una dinastía real que gobernó buena parte de Europa entre los siglos V hasta el siglo IX de nuestra era. Fueron conocidos como “reyes francos” y luego como “reyes merovingios”, en honor a un militar franco llamado Meroveo;  hasta que Carlo Magno se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que abarcaba casi todo el centro y norte de Europa. La palabra Francia también nos recuerda a nombres como Francisco que significa hijo de Francia o franco o franceses como gentilicio de los habitantes de Francia y en inglés el nombre Franklin. Nosotros en México tenemos un pan al que llamamos francés cuando en realidad es de origen vienés y hasta nos gusta comer papas fritas llamadas a la francesa.

Francia se hizo famosa en el siglo XVIII gracias a su revolución  que dio origen a la llamada "Era Moderna",  en la cual se promulgó la “Declaración de los Derechos Humanos” en 1789. Sus postulados filosóficos dieron origen a movimientos como el enciclopedismo y la ilustración. Sin duda alguna, un país maravilloso, el más visitado en el mundo, tierra del arte, de la música, de los vinos y de los buenos quesos, de una lengua que durante mucho tiempo fue la lengua universal hasta que el inglés la desplazó. Con ciudades y regiones bellísimas, con historia, identidad y diversidad cultural digna de apreciarse como su capital París, la ciudad luz, Tolousse, Marsella o Montpellier.


La revolución francesa influyó en países como los Estados Unidos, México, Italia y otras naciones iberoamericanas, para que buscaran su independencia. Su bandera en cierta tiene tres colores, los colores azul y rojo son propios de la ciudad de París, y al centro el color blanco que representa a Dios y en cierta forma, influyó en la conformación de las banderas tanto de México como de Italia. 

Francia y México tienen muchas cosas en común. Por ejemplo, entre 1700 y 1821 nos gobernaron reyes de origen francés conocidos como los borbones. Miguel Hidalgo y Costilla,  “el padre de la Patria” gustaba de leer la enciclopedia y otras obras en francés, cuyo idioma en ese tiempo lo mismo era usado para la ciencia, la filosofía, el arte y la poesía romántica. Por eso al curato en donde vivía le llamaban “la Francia chiquita”. En esa época,  quien hablara francés era considerado todo un caballero, un hombre culto sin duda alguna. Muchas de las ideas que promovieron la independencia vienen de la lectura de Voltaire, Diderot y otros escritores de la ilustración francesa.

A pesar de la admiración y amistad de nuestros pueblos, las relaciones entre México y Francia están repletas de situaciones difíciles. Y esos problemas son añejos. En 1687 unos franceses desembarcaron en las costas de Texas con la intención de establecer poblaciones en esas tierras inhóspitas. No tuvieron éxito, pues los indios de la región cayeron sobre ellos e hicieron que la Corona de España comisionara un año después a Alonso de León para que los echara de la región. Cuando los encontraron, vieron un fuerte destruido por las naciones de indios y testimonio de ello es un poema que el poblador Juan Bautista Chapa escribió: “Oh francesas hermosas que pisabais dentro de éstos prados frescas rosas” en alusión a la estela de cadáveres y muertes que los indios dejaron. El primer urbanista que llegó al Nuevo Reino de León se llamaba Jean Crousset a fines del siglo XVIII. Nuestras naciones se han enfrentado en dos guerras, que trajeron invasiones y actualmente Francia mantiene el control de algunas islas dentro de los límites marítimos de México. Y hasta se dice que la mayoría de los habitantes del Cañón del Huajuco y la zona citrícola, son descendiente de un regimiento francés que se quedó en esos rumbos.

Las ideas positivistas de Augusto Comte, nos llegaron de Francia y con ello nació el Ateneo Fuente de Saltillo y la Escuela Nacional Preparatoria en 1867. La historia nacional se dividió en la clásica formulación de los tres estadios. Y la historia oficial así la cuenta, creando un proceso considerado como de bronce. La filosofía positivista impulsó la ciencia, la filosofía y la técnica; la modernidad que contribuyó en el desarrollo del capitalismo, a través de los descubrimientos e inventos aplicados en los procesos de producción y generación de mercancías. 

Con el porfiriato, México se afrancesó literalmente. Los bailes y los entretenimientos se quedaron en México, su tradición de tomar café, los billares, la decoración de muchas casas y edificios públicos. Hasta don Porfirio aprendió a hablar el idioma, y eso que había peleado en contra de los franceses y de Maximiliano de Habsburgo. A decir verdad, la considerada “bella época”, está repleta de aspectos culturales que nos llegaron de Francia. Muchas instituciones políticas tienen que ver con Francia. Y seguramente ese afán e interés por conocer nuestra memoria e identidad cultural, está basada en la “escuela de los Anales”, que aborda desde una perspectiva más humana y accesible nuestros acontecimientos.  


Total, hay muchos aspectos que de una u otra forma nos ligan a Francia. Indudablemente. 

domingo, 30 de abril de 2017

Eugenio Aguirre Benavides, el inmaculado de la Revolución

Antonio Guerrero Aguilar/

Las historias de la Revolución son muchas veces ingratas. Recuerdan a unos y olvidan a tantos. Una de ellas corresponde a Eugenio del Santísimo Corazón de Jesús Aguirre Benavides, nacido el 6 de septiembre de 1884 en Parras de la Fuente, Coahuila y bautizado en el templo de Santa María de las Parras el 16 de octubre de 1884. Hijo de Rafael Aguirre Valdez y de Jovita Benavides Hernández. Tuvo por hermanos a Adrián, Rosalía, Rafael Jerónimo, Luis, Cleotilde y Alfonso.  Los Aguirre Benavides guardaban una relación de parentesco con los Madero. Jovita era sobrina de Rafaela Hernández Lombraña, la primera esposa de don Evaristo Madero Elizondo, el gran patriarca de la dinastía, además participaban en algunos negocios.

La familia Aguirre Benavides tiene historias que contar. Tres fueron protagonistas de la revolución mexicana: Adrián fue diputado de la XXVI Legislatura, la primera elegida libremente por el voto popular en 1912. Luis fue secretario particular de Gustavo Madero y luego de Pancho Villa, mientras que Eugenio fue alcalde de Torreón, alcanzó el grado de general y comandó la brigada Zaragoza dentro de la División del Norte. Eugenio estudió la primaria para dedicarse luego al comercio. Luego le dio por participar en las elecciones para la presidencia municipal de Torreón, tomando posesión el 1 de enero de 1912. Solo permaneció en el cargo hasta mediados de junio, pues tomó las armas para combatir a la sublevación de Pascual Orozco que pretendía derrocar a Madero como presidente. Quedó como alcalde Francisco Peña Ibarra entre junio y julio y de agosto a septiembre la ocupó el ingeniero Andrés L. Farías Hernández, también emparentado con el clan Madero.  Aguirre Benavides enfrentó a las tropas de Aniceto Ramírez y Benjamín Argumedo, que atacaron a Torreón y a sus alrededores. Ya sofocadas las rebeliones, Eugenio regresó a la alcaldía a principios de octubre y terminó su periodo en diciembre de 1912.

Después de la Decena Trágica, abrazó la causa del Plan de Guadalupe en 1913 y participó al lado del general Francisco Villa. En Torreón organizó la Base Militar de Operaciones y luego salió rumbo a Durango para combatir al general Aureliano Blanquet. Por ser Torreón una de las ciudades más importantes del porfiriato, las fuerzas revolucionarias tenían por objeto retomar la plaza que había caído en poder de las tropas federales. Entonces  se dividieron en cuatro columnas: la Zaragoza al mando del general Eugenio Aguirre Benavides que avanzó a Tlahualilo, dañó las vías del ferrocarril procedente de Monterrey y enfrentó a las fuerzas del general Almazán, la Cuauhtémoc con el general Tomás Urbina que marchó sobre Mapimí; la tercera al mando del general Felipe Ángeles y la cuarta dirigida por el general Villa. La División del Norte se quedó con Gómez Palacio y Torreón la cual cayó el 2 de abril de 1914.

Luis Aguirre también participó en la Toma de Zacatecas el 23 de junio de 1914 y luego estuvo en la Convención de Aguascalientes donde apoyó la presidencia del general  Eulalio Gutiérrez Garza, quien lo nombró subsecretario de Guerra y Marina. Posteriormente ocupó la gubernatura de San Luís Potosí. En agosto de 1914, el general Álvaro Obregón, comandante  de la División del Noroeste, viajó a Chihuahua para entrevistarse con Pancho Villa. Debía componer un conflicto territorial surgido entre generales de ambas divisiones. Cuando Villa tuvo en frente a Obregón, lo consideró un enemigo a la causa y  decidió fusilarlo. Entonces los hermanos Eugenio y Luis Aguirre Benavides, junto con José Isabel Robles y otros generales intercedieron para salvarle su vida y evitar el surgimiento de una rivalidad militar con funestas decisiones que a la larga sí se concretaron.

El 23 de septiembre de 1914 Villa dejó a Álvaro Obregón en libertad. La madrugada siguiente cambió de opinión y ordenó que detuvieran el tren en donde viajaba para fusilarlo. Obregón logró escapar gracias al apoyo de Eugenio Aguirre y José Isabel Robles, quienes lo acompañaron hasta Sonora para asegurarse de que llegara vivo. La cordialidad entre Eugenio Aguirre y Pancho Villa ya no fue igual. Por ello, cuando se desató la lucha entre villistas y zapatistas contra los constitucionalistas, el  general Aguirre Benavides decidió renunciar a su mando, poniendo sus fuerzas a las órdenes de Venustiano Carranza. 

El jefe constitucionalista valorando su  honestidad y lealtad, le expidió un salvoconducto para salir del país, acompañado por su estado mayor y de una reducida escolta. Siguiendo el trayecto del ferrocarril de Monterrey a Matamoros, llegaron a la hacienda de Guadalupe perteneciente al municipio de Los Herreras, Nuevo León. Ahí   fueron detenidos por fuerzas carrancistas a mando del coronel Teódulo Ramírez Vela y del capitán Rodolfo R. Bernal, quienes estaban a las órdenes del general Emiliano Nafarrete. Sin importarles la carta que les había don Venustiano, los trataron como unos villistas renegados y los capturaron.  En el combate murió el general Julián Delgado y otros partidarios del carrancismo. El general José Isabel Robles logró escapar con rumbo a Texas.

Cuando llegaron a la Estación Aldamas, correspondiente al municipio de Los Aldamas, el coronel Teódulo Ramírez Vela ordenó a su telegrafista que pidiera instrucciones a Nafarrete en Monterrey, quien ordenó un consejo de guerra que los condenó a muerte por traición. A las 5 de la mañana del 2 de junio de 1915 fue fusilado el general Eugenio Aguirre Benavides en la primera curva de la vía del tren en el paraje conocido como Monte Redondo, a tres kilómetros al poniente de la Estación Aldamas.  El pelotón de fusilamiento estuvo a cargo del mayor Arcadio Reséndiz, quien cumplió la última voluntad de Eugenio de dar la orden de disparar en contra suya.

Antes de morir, Eugenio alcanzó a escribir una carta dedicada a su familia: “En camino de Los Aldamas a Los Herreras, el día 2 de Junio de 1915,  a las 4 de la Mañana.  A Mis Queridos Hermanos:  Voy a morir en estos momentos, se ordena desde Monterrey, después de habernos detenido en la Hacienda de Guadalupe por Fuerzas Carrancistas, mis últimos recuerdos son para mi Madre y Ustedes. Muero tranquilo después de una larga lucha libertaria, soy una de las victimas necesarias para llevar adelante las hermosas ideas que entraña la revolución. Adiós a todos y resignen a mi Madre, a quien no le escribo porque considero el pesar tan terrible que le causaría, no le enseñen estas líneas. Adiós Eugenio.”  Esta misiva se la dio a un ferrocarrilero de nombre Cipriano Soto quien la envió a su familia en El Paso, Texas.


También fusilaron al Lic. Alfonso Bolaños Cacho, Lic. Guillermo Morán, Coronel Magdaleno Robles, Capitán Abdón Téllez, Capitán Ricardo Corral Terrazas, Capitán Donato Ramírez, Teniente Aureliano Ruiz, Teniente Remigio Zertuche, Subteniente Manuel M. Macías, Sargento segundo Manuel Alcalá, Soldado Diego Guajardo, Soldado Felipe Díaz. Todos ellos fueron sepultados en el lugar de la ejecución.  Tiempo después, los familiares del general Aguirre Benavides exhumaron su cuerpo para sepultarlo en Parras de la Fuente. Dicen que lo identificaron gracias a un pañuelo que llevaba en la mano.  Mientras los cuerpos de los demás militares fueron llevados al panteón municipal de Los Aldamas en donde aún permanecen.  Para recordar el lugar donde mataron a Eugenio, colocaron un sobrio pero sencillo monumento de granito el cual hace referencia al sacrificio del general Eugenio Aguirre Benavides y su estado mayor, que pagaron con su vida para que se cumplieran los altos ideales de la Revolución.  Para muchos, Eugenio Aguirre Benavides fue el inmaculado de la Revolución.







domingo, 23 de abril de 2017

Rafaela e Ignacio: entre el amor y la patria

Antonio Guerrero Aguilar/

Una noche el entonces coronel Ignacio Zaragoza llegó junto con su tropa a la ciudad de Monterrey. Luego de arreglar en donde quedarían sus soldados, Zaragoza acudió a la casa de un amigo suyo y antiguo subordinado llamado Marcelino Padilla. El domicilio estaba sobre la calle del Comercio, (actual Morelos 728), entre Zuazua y Dr. Coss. Inmediatamente la familia dispuso atender lo mejor posible a Ignacio y le permitió quedarse en la sala, en donde estaba el retrato de una doncella con apenas 20 años de edad. Zaragoza al verla quedó plenamente cautivado por ella y así lo hizo saber a uno de sus anfitriones. El valiente militar debió salir de Monterrey, pero a su regreso los dos coincidieron en un baile. La vio bien, le atrajo su estatura media y figura esbelta, blanca, pelo castaño oscuro, nariz respingada, ojos café claro y su porte distinguido. Inmediatamente Zaragoza le pidió que bailara con él. Mientras ocurría la danza no perdió más el tiempo y le declaró su amor. Ella no aceptó, pues primero debía consultarlo con su madre. Ya con la aprobación materna, Rafaela le dio el sí y hasta eligieron la fecha para el día de la boda.

De acuerdo al acta de matrimonio religioso, el 21 de enero de 1857, Rafaela e Ignacio se casaron en la catedral de Monterrey, ante el presbítero Darío de Jesús Suárez. El acta correspondiente está en el Archivo de la Catedral, hace referencia algunos datos interesantes de los contrayentes: Ignacio originario de la Bahía del Espíritu Santo en Texas, nacido un 24 de marzo de 1829,  hijo de Miguel Zaragoza y María de Jesús Seguín, vecino en Monterrey desde su infancia. Rafaela, hija de José María Padilla y de Justa de la Garza. El documento la hace originaria y vecina de Monterrey, aunque Israel Cavazos señala que nació el 1 de noviembre de 1836 en San Nicolás Hidalgo. Fueron testigos del enlace Miguel Zaragoza y Tomás Núñez.


Pero Ignacio no se presentó a la boda, porque acudió a San Luis Potosí a sofocar una revuelta. En consecuencia, el matrimonio se hizo “por poder”. A la novia no le gustaba esa opción y fue el señor obispo don Francisco de Paula y Verea, quien convenció a Rafaela de casarse con Ignacio en la representación de su hermano Miguel. La tradición popular cuenta que cuando el padre Darío Suárez preguntó a la contrayente, “si aceptaba como esposo a Miguel, prometerle fidelidad en lo próspero y en lo adverso, amarlo y respetarlo todos los días de su vida”, Rafaela movió la cabeza en señal de rechazo. Nuevamente el padre le preguntó si quería a Miguel como su esposo y la joven se negó. Fue cuando el padre cayó en cuenta de que en lugar de decir el nombre de Ignacio, estaba diciendo el nombre del hermano presente.

Lamentablemente Rafaela e Ignacio se casaron en tiempos difíciles. Zaragoza iba y venía debido a la guerra de Reforma. El mismo Zaragoza admite su incapacidad para atender a su familia como Dios manda. Como cuando Vicente Guerrero una vez debió elegir entre la vida de su padre y la patria, Zaragoza también eligió entre su familia y la patria. Por ejemplo, el 27 de mayo de 1859 le mandó una carta a Santiago Vidaurri ratificando su compromiso con la Nación, más le preocupaba la suerte de su mujer y los suyos: “Estoy resuelto, como usted sabe muy bien, a no dejar las armas de la mano hasta no ver en mi patria restablecida la Constitución, y, por consiguiente, la verdadera paz de toda ella. Para conseguir estas cosas, no hay duda que será necesario librar grandes combates, en los cuales necesariamente tendré que hallarme. No será remoto, por lo mismo, que en cualquiera de ellos me sobrevenga un suceso desgraciado, y, en este caso, mi pobre familia quedará reducida a la más espantosa miseria, porque no cuenta con otro patrimonio que el de mi trabajo. Esta tristísima cuanto penosa idea, me pone en el duro caso de ocurrir a usted para suplicarle, por medio de la presente, tenga la bondad de mandar entregar a mi esposa, por mi cuenta, la suma de dos mil pesos; con los cuales podrá concluir una casita que ha comenzado a fabricar…”

El matrimonio Zaragoza Padilla  tuvo tres hijos. El primero de ellos fue llamado Ignacio, quien falleció en Monterrey en marzo de 1858. Después nació otro Ignacio Estanislao, quien murió también en tierna edad cuando su padre ocupaba la cartera como ministro de Guerra en 1861. La más pequeña, bautizada como Rafaela en honor a su madre; nació en junio de 1860 y vivió hasta 1927.

Para estar cerca de su esposo, doña Rafaela se trasladó a la Ciudad de México junto con sus dos pequeños hijos y por su suegra María de Jesús Seguín. Lamentablemente contrajo una pulmonía  que le quitó la vida el 13 de enero de 1862. Su esposo no alcanzó a estar con ella pues se hallaba en Puebla cumpliendo sus obligaciones al servicio de la patria. Los franceses estaban a punto de atacar la ciudad y no podía alejarse de su encargo. El cadáver de su esposa fue inhumado en el panteón de San Fernando en la Ciudad de México.



Ocho meses después, Ignacio falleció el 8 de septiembre a la edad de 33 años. Sus restos también fueron llevados al panteón de San Fernando, pero no los enterraron juntos. En 1976 los exhumaron para depositarlos en un monumento en su honor en el sitio de la gloriosa batalla de Puebla. El  5 de mayo de 1979, los restos de la señora Rafaela Padilla de Zaragoza fueron trasladados para reunirlos con los de su marido. El orador oficial de aquel acto enunció: “Es hora del reencuentro, y otra vez de un acto de irrestricta justicia, y llega hoy por derecho propio la esposa ausente de esta cripta… Si el cumplimiento de su deber los separó, ha sido la voluntad misma del pueblo la que los ha vuelto a reunir y depositarlos para que reposen en paz, por fin, bajo el cielo de Puebla.” Como Abelardo y Eloísa, Rafaela e Ignacio descansan compartiendo la misma morada hasta el fin de los tiempos. Allá en Hidalgo, Nuevo León, cuentan que Ignacio murió de tristeza y nostalgia, por no cumplirle como una vez se le prometió ante Dios y los hombres. No soportó el deceso de su amada a quien le decía de cariño “la paloma de ojos verdes”. 

Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.